El verano es, tradicionalmente, una de las épocas más retadoras para las marcas en cuanto a fidelización y relación con los clientes. Los patrones de consumo cambian: los clientes suelen centrarse en el ocio, el descanso y los viajes, desconectando a menudo de rutinas y de las marcas que los acompañan el resto del año. Sin embargo, esta aparente “pausa” puede convertirse en una ventaja competitiva si, como empresa, sabemos adaptarnos y mantener una presencia activa, útil y cercana en la vida de los consumidores.